viernes, 14 de marzo de 2014

8 horas con Mario



Como era de esperar, el tío resulta tener un nombre y este nombre resulta ser Mario. Le estrecho la mano con firmeza y le digo ¡Encantado!, imitando las inflexiones de la voz de Cristiano Ronaldo para que de este modo parezca que hablo portugués y ganarme así la confianza del nativo con mi conocimiento de su lengua. Desconozco si mi esfuerzo surte su efecto pues el semblante de Mario permanece inmutable. No aprecio la admiración que esperaba en su rostro y eso me desconcierta por unos instantes, por lo que me limito a amagar una sonrisa. Mario es el chófer que me va a llevar a Uige. Es un tipo de 1m90 y unos 100kg de peso, y lo que es más importante, ex–capitán del ejército, lo que hace que tenga nivel avanzado en el manejo de armas de fuego, algo muy tranquilizador cuando estás de su lado.
Mario me rumia una sarta de palabras no exentas de cierta musicalidad a la vez que señala con el dedo hacia la puerta, lo que me lleva a pensar que no le apetece quedarse aquí hablando conmigo y en su lugar prefiere que nos marchemos. A diferencia de lo que pasaba en Marruecos, no se ofrece a llevarme ninguna de las tres maletas con las que voy cargado, pero no me amilano y en un gesto rápido le pido que me eche una mano y le tiendo la única maleta que no tiene ruedas de las tres que traigo. Me la coge sorprendido (la maleta) y se dirige hacia la puerta, mientras le acompaño sonriente.
Me va a tocar pasarme 8 horas metido en un coche con Mario por una carretera que se adentra en la selva y no parece que vayamos a tener mucha conversación durante el viaje. La sonrisa se diluye poco a poco y empiezo a ser consciente de que ya estoy en Angola.

3 comentarios:

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