jueves, 22 de mayo de 2014
Presentación de Angola en la clase de Pablo
sábado, 5 de abril de 2014
Las cataratas de Kalandula
Las cataratas de Kalandula son una de las joyas más impresionantes de Angola y, sin duda, un punto culminante para cualquier relato de viajes por el país. En 2014, la experiencia de visitarlas era aún muy "virgen" y auténtica, ya que la infraestructura turística era mínima comparada con otras grandes cataratas del mundo.
Aquí tienes la información técnica y descriptiva para enriquecer tu capítulo:
Datos Geográficos y Técnicos
Nombre del Río: Se alimentan del río Lucala, el afluente más importante del río Cuanza.
Ubicación: Provincia de Malanje, a unos 420 km al este de Luanda.
Altura: Aproximadamente 105 metros.
Anchura: Cerca de 410 metros.
Clasificación: Son consideradas las segundas más importantes de África en cuanto a volumen de agua, después de las Cataratas Victoria.
Comparativa de Tamaño
Para que tus lectores tengan una referencia visual clara, puedes compararlas con otros hitos mundiales:
| Característica | Kalandula (Angola) | Cataratas del Niágara (EE.UU./Canadá) | Cataratas Victoria (Zambia/Zimbabue) |
| Altura | 105 m | ~51 m | 108 m |
| Anchura | 410 m | ~790 m (Horseshoe) | 1,708 m |
Dato para tu libro: Aunque las Victoria son mucho más anchas, las Kalandula tienen casi la misma caída vertical (105 m vs 108 m), lo que genera un estruendo y una bruma muy similares cuando el río Lucala va lleno.
Contexto Histórico y Curiosidades
Nombre Colonial: Durante la época de la administración portuguesa (antes de 1975), se conocían como las Quedas de Duque de Bragança, en honor a la familia real portuguesa. El nombre fue cambiado a Kalandula tras la independencia.
Forma de Herradura: Tienen una característica forma de herradura interrumpida por rocas y vegetación, lo que crea múltiples caídas de agua menores que se unen en una cortina masiva durante la temporada de lluvias.
Espiritualidad: Para las poblaciones locales, el lugar tiene una carga mística. Se dice que las aguas tienen un carácter sagrado y existen leyendas sobre rituales que se realizaban en sus cercanías.
El Paisaje en 2014
En el año en que estuviste allí, la experiencia se caracterizaba por:
Acceso Natural: No había grandes vallas de seguridad ni miradores comerciales masivos. Se podía caminar hasta el mismo borde del abismo (el "Pousada de Calandula" era el punto de referencia principal, aunque en esa época solía estar en ruinas o en procesos lentos de renovación).
El Sonido: Debido a la falta de multitudes, el rugido del agua dominaba todo el ambiente, un sonido que los lugareños describen a menudo como el latido de Malanje.
Vegetación: El entorno es de una selva tropical densa y húmeda, lo que genera un contraste cromático vibrante entre el verde intenso de la flora y el marrón rojizo del agua cargada de sedimentos durante la época de lluvias.
¿Te gustaría que redactara un párrafo descriptivo centrado en las sensaciones sensoriales (sonido, humedad, vista) para ayudarte a ambientar esa parte del capítulo?
lunes, 31 de marzo de 2014
Bichos II
Estuvimos Víctor y yo entretenidos el otro día en observar las evoluciones de este grupo de hormigas arrastrando a la larva de la fotografía. Todo iba perfectamente hasta que se cayeron en la junta entre dos baldosas que se ve en la fotografía. No conseguían sacar a la larva de ahí por más que se esforzaban tirando y empujando de diferentes sitios y cambiando de postura. El estallido de una tormenta, que empezó a descargar en el momento de hacer esta foto, hizo que entrásemos en la casa y nos quedáramos sin ver como se las apañaron para resolver el atolladero en el que estaban metidas.
En la casa hay muchos perenquenes/salamanquesas. Mi compañero se pensaba que eran nocivas y mató a las primeras que vió recién entrado en la casa, cuando yo todavía no estaba allí. Una vez que le expliqué que son beneficiosos para nosotros porque nos ayudan a acabar con los mosquitos, acepto convivir con ellos, pero no oculta la repugnancia que le producen. La mayoría son muy pequeños, de unos pocos centímetros de longitud, como el de la foto.
Hay muchas arañas saltadoras por aquí, de 1-2cm de longitud, Esta es de las más sosas que he visto en cuanto a colorido.
Un escarabajo que llegó volando a mi dormitorio el otro día. Estaba medio atontado y no terminaba de caminar correctamente. Lo puse en el quicio de la ventana para hacerle unas cuantas fotos más y se recuperó de pronto y aprovechó para salir volando por donde había entrado.
A esta araña tuve la suerte de poder fotografiarla caminando por el vidrio de la ventana.
Recogida de carta
jueves, 27 de marzo de 2014
De compras en el mercado
El sábado decidimos ir a comprar al mercado, a ver si podíamos encontrar zanahorias, pues empezamos a cansarnos de las cebollas y las papas como único acompañamiento de nuestras comidas.
Nos encaminamos al mercado vestidos de blancos, esto es, los dos con polo de color claro, bermudas y zapatillas deportivas para no llenarnos los pies de mierda.
Una vez fuera de nuestros dominios, que se extienden hasta el Hotel Salala y sus alrededores, nos vimos obligados a preguntarle al segurança de una frutería por el camino al mercado. Este nos indicó muy amable que lo primero que debíamos de hacer es cambiarnos de acera, y una vez que nos encontrásemos en la acera de enfrente, seguir recto y girar a la derecha por la segunda rúa, y no por la segunda entrada. Le agradecimos las indicaciones y nos dispusimos a continuar nuestro recorrido, pero el segurança nos lo impidió de repente sujetándonos del brazo. “Primero a cruzar la estrada y después la segunda rúa”. Le aclaramos que lo habíamos entendido bien, pero que íbamos a cruzar más adelante y se alejó cabizbajo y lamentándose de que hiciéramos oídos sordos a sus indicaciones.
Un poco más adelante, cuando íbamos a cruzar definitivamente, observé que un blanco muy grande, de unos treinta y tantos años, vestido con una camiseta de tirantes de algún equipo de baloncesto y tocado con una gorra, y que estaba sentado en un sillón de piel que había sacado a la terraza del primer piso y desde el que observaba la calle cómodamente, me saludaba con cierto afecto. Como me pasa siempre que tomo a un desconocido por un amigo reencontrado, inicié un saludo espontáneo que se tuvo que quedar en amago al ver que le gritaba algo a Ronnie y cruzamos la calle para salir a su encuentro. Como tuve que abortar el gesto del saludo y tratar de reconvertirlo en un ademán natural, crucé la calle como si fuera un incapaz, pero lo remedié subiendo de un salto a la acera para impresionar a los amigos de Ronnie.
Resulta que el gigantón blanco es el hijo de nuestra casera, se llama Josué, y no ha tolerado que fuéramos solos al mercado, pues dice que es muy peligroso. Nos acompañan al mercado Josué y un primo suyo, bastante más bajo, flaco y negro que él.
Cuando llegamos por fin al mercado, un edificio de la época colonial en el estado habitual en el que se encuentra todo lo que queda de la época colonial, lamentable, nos preguntan nuestros acompañantes que qué queremos comprar exactamente. Les decimos que principalmente verduras, y nos dicen que entonces en vez de al mercado tenemos que ir a la plaza.
La plaza es el resto del solar en el que se encuentra el edificio del mercado y está atiborrado de puestecitos con sus sombrillas de playa para dar cobijo. Entre el laberinto de puestos discurre un gran surco por el que se arrastran y se esparcen las aguas de lluvia y las aguas sucias provenientes de la limpieza de los puestos. El verdadero peligro del mercado no me pareció tanto el que nos pudieran robar como el tratar de circular entre puestos, saltando mierda mientras esquivas viejas con palanganas en la cabeza y al mismo tiempo evitas dejarte olvidado un ojo en la varilla de una sombrilla.
A pesar del aspecto inmundo del entorno, la verdura que tenían a la venta no tenía mal aspecto y las señoras se ofrecían muy amables a explicarte como se cocinaban cada uno de los productos que tenían en venta.
Hasta que, buscando entre las legumbres a ver si encontrábamos lentejas, allí los vimos. Eran gusanos secos. Parecían pasas alargadas, y preguntamos a las señoras, que divertidas y asombradas por nuestro interés en la comida local, nos explicaron que se llaman catato y se pusieron a hablar las tres a la vez, explicándonos tres recetas distintas al mismo tiempo. Nos los dieron a probar y sabían, para sorpresa mía, a gusano seco y dejaban un sabor picante en la boca. Compramos los gusanos, un cacito de 100ml por 500 kwanzas, o sea unos 5 dólares, con la idea clara de que había que meterlos en agua y prepararlos con un sofrito de tomate y cebolla. Un poco más adelante vendían gitsombe, que por lo visto está muy rico. Es una pena que ya hubiéramos cubierto nuestro cupo de comida exótica, pues estas son las larvas blancas que se ven en las películas y te las venden vivas para hacerlas fritas. En otra salida al mercado caerán si las vemos.
Compramos cuatro zanahorias por 4$, una papaya por 3,5$, medio kilo de tomates por 5$, los gusanos secos por 5$ y tres pescados congelados por 5$, lo único que me pareció barato. En todos los puestos nos escandalizábamos con los precios, pero nuestros acompañantes nos tranquilizaban resignados explicándonos que eso es lo que cuesta la comida en Angola.
Durante todo nuestro recorrido estuvimos acompañados por cuatro o cinco niños que nos querían vender bolsas. Al principio no lo entendí, pero a medida que íbamos comprando, estaba claro que las miserables bolsas que nos daban las zungueiras no iban a llegar a casa sin romperse, por lo que nos vimos obligados a comprarles una bolsa en condiciones a los chavales por 200 kwanzas, 2$ al cambio. Se ofrecieron a llevárnosla ellos mismos, pero anticipando que eso supondría más dinero al final, rechazamos su oferta, rechazo que uno de nuestros acompañantes se encargó de enfatizar espontáneamente con una colleja al niño más cercano.
El bello vello
Durante nuestro recorrido por el mercado, despertábamos una extraña alegría entre las señoras de los puestos por los que pasábamos. Yo lo atribuí a la alegría que despierta en todo ser humano el trato con el adinerado, y me limitaba a demostrar mi opulencia demostrando cortesía, pues de adinerado tengo poco. Esto levantaba comentarios admirados de las entregadas vendedoras "¡Son muy educados!".
No sé si por este derroche de cortesía por mi parte, que incluso bastaba para cubrir bajo el mismo paraguas a mi compañero de fátigas, de modales más bien rudos, o por un arranque espontáneo de pasión, una zungueira salió de detrás de su puesto con mucha más agilidad de la que aparentaba por su gordura y se tiró sobre Ronnie, al que empezó a acariciar sus brazos mientras alababa con pasión indisimulada la cantidad de vello que tenía.
Ronnie se dejo acariciar un poco incómodo mientras proseguía su paseo, y la señora, una vez controlado su acceso de lujuria capilar, lo dejó marchar. Alcancé a la señora y me quedé parado detrás de ella, que se giró notando mi presencia. En un tono apesadumbrado, le dije "Eu não tengo tanto vello como meu amigo, pero no soy tan velho (viejo)". Es la única chorrada que se me ocurrió, y no sé si me entendió en mi intento de falar portugués, pero se río a carcajadas y me dijo "no te preocupes, tem la pele moito bonita" y me administró a mi también mi dosis de caricias, acompañadas de sonoras carcajadas del resto de zungueiras.
sábado, 22 de marzo de 2014
¡Una azada!
Hay que poner las cosas en contexto. Solo salimos de casa a las tiendas de la esquina a avituallarnos y nos recogemos en casa sobre las 17.30 para evitar salir de noche. No hay muchos sitios a los que ir y de todos modos no tenemos coche, y no podemos ir mucho a la obra porque no tenemos visado de trabajo y estamos, de momento, ilegalmente en el país. Por lo tanto nos limitamos a quedarnos en casa trabajando la mayor parte del tiempo y nos refugiamos en nuestros ordenadores para ocupar nuestro tiempo libre. Resumiendo, se puede decir que nuestra vida es bastante aburrida.
Por eso, el ruido de la azada despertó tanta emoción, pues podíamos salir de la rutina, hacer ejercicio, tener actividad física. Eramos como unos niños a los que les hubiesen traído una pelota, nerviosos, excitados, pidiendo y reclamando nuestro turno para poder usar la azada. En el fondo limpiar el jardín de malas hierbas era accesorio, lo importante era poder sujetar la pesada herramienta con las manos y liarse a golpes con el suelo.
He terminado destrozado, como no podía ser de otra manera, y tengo tantas agujetas que no puedo llevarme un vaso a la boca con una sola mano y tengo que ayudarme con la otra y mi cintura ha perdido su capacidad rotatoria y tengo que girar todo mi cuerpo de una vez si no quiero gritar de dolor... pero ¡Cómo he disfrutado con la azada!

















