jueves, 22 de mayo de 2014

Presentación de Angola en la clase de Pablo

Aprovechando la estancia en Madrid y a petición de las profesoras de Pablo, realicé una pequeña presentación a los niños explicándoles en que consistía mi trabajo en Angola.



Pablo me propuso empezar la presentación preguntando donde estaba Angola y me pareció una idea fantástica y que ayudaría a interactuar con los chicos.

 Resultó que casualmente una de las compañeras de Pablo es de madre Angoleña y no tuvo, como es lógico, ningún problema en situar el país en el mapa.

 Comencé hablando de los grandes recursos naturales que tiene el país, principalmente el petróleo y los diamantes.

Y pasé a contarles que, paradójicamente, a pesar de sus recursos naturales, Angola es uno de los países más pobres del mundo. Para que tuvieran una buena referencia de la pobreza del país, les conté que España era el 8º país más rico del mundo y Angola el 8º país más pobre.
 
Para comprender mejor la situación en Angola, les conté la larguísima guerra civil que había sufrido el país, contándoles los orígenes del conflicto y como fue desarrollándose todo hasta la muerte de Savimbi, que aparece arriba a la derecha en la diapositiva, y la posterior firma del acuerdo de paz.

Les conté las consecuencias que había traído consigo la guerra, como las minas antipersona que todos conocían y les expliqué la grandísima labor de desminado que se sigue llevando a cabo.

Les hablé de las consecuencias sufridas por la fauna del país que había huido a los países vecinos y aprovechando que habían visitado el museo de ciencias naturales, les conté que la palanca negra gigante, el antílope que aparece disecado en el museo, figura erróneamente como extinguido. Les conté como se pensó que se habían extinguido y como se habían descubierto nuevos ejemplares recientemente en el país y podían observarse en las reservas en las que se encontraban.

Pasé a explicarles las consecuencias de la guerra sufridas por la población, hablándoles de los daños y mutilaciones causados por las minas y el consecuente abandono de las tierras de cultivo por el hombre.

Les expliqué como todo lo anterior había derivado en una subida de los precios generalizada.

Les conté como el alto precio de los alimentos forzaba a la población a comer animales que a nosotros no se nos ocurriría comer.

Les hablé además de las numerosas enfermedades que azotan a Angola y descubrí que estaban muy enterados de la malaria/paludismo.

Les hablé de la alta mortandad del país, de las gravísimas enfermedades que han azotado recientemente a la población y que podía tener su origen en la ingesta de carne de mono o de murciélago. Les hablé también de la poca esperanza de vida que hay en Angola y que es casi la mitad que en España, 44 años frente a 84.

Aquí fue cuando les conté exactamente que estábamos haciendo allí y puse esta diapositiva en la que se ven fotos de la obra.

Y terminé explicando la importancia de la formación y la educación de la población para garantizar que el país pueda prosperar.

sábado, 5 de abril de 2014

Las cataratas de Kalandula


Las cataratas de Kalandula son una de las joyas más impresionantes de Angola y, sin duda, un punto culminante para cualquier relato de viajes por el país. En 2014, la experiencia de visitarlas era aún muy "virgen" y auténtica, ya que la infraestructura turística era mínima comparada con otras grandes cataratas del mundo.

Aquí tienes la información técnica y descriptiva para enriquecer tu capítulo:

Datos Geográficos y Técnicos

  • Nombre del Río: Se alimentan del río Lucala, el afluente más importante del río Cuanza.

  • Ubicación: Provincia de Malanje, a unos 420 km al este de Luanda.

  • Altura: Aproximadamente 105 metros.

  • Anchura: Cerca de 410 metros.

  • Clasificación: Son consideradas las segundas más importantes de África en cuanto a volumen de agua, después de las Cataratas Victoria.


Comparativa de Tamaño

Para que tus lectores tengan una referencia visual clara, puedes compararlas con otros hitos mundiales:

CaracterísticaKalandula (Angola)Cataratas del Niágara (EE.UU./Canadá)Cataratas Victoria (Zambia/Zimbabue)
Altura105 m~51 m108 m
Anchura410 m~790 m (Horseshoe)1,708 m

Dato para tu libro: Aunque las Victoria son mucho más anchas, las Kalandula tienen casi la misma caída vertical (105 m vs 108 m), lo que genera un estruendo y una bruma muy similares cuando el río Lucala va lleno.


Contexto Histórico y Curiosidades

  • Nombre Colonial: Durante la época de la administración portuguesa (antes de 1975), se conocían como las Quedas de Duque de Bragança, en honor a la familia real portuguesa. El nombre fue cambiado a Kalandula tras la independencia.

  • Forma de Herradura: Tienen una característica forma de herradura interrumpida por rocas y vegetación, lo que crea múltiples caídas de agua menores que se unen en una cortina masiva durante la temporada de lluvias.

  • Espiritualidad: Para las poblaciones locales, el lugar tiene una carga mística. Se dice que las aguas tienen un carácter sagrado y existen leyendas sobre rituales que se realizaban en sus cercanías.


El Paisaje en 2014

En el año en que estuviste allí, la experiencia se caracterizaba por:

  1. Acceso Natural: No había grandes vallas de seguridad ni miradores comerciales masivos. Se podía caminar hasta el mismo borde del abismo (el "Pousada de Calandula" era el punto de referencia principal, aunque en esa época solía estar en ruinas o en procesos lentos de renovación).

  2. El Sonido: Debido a la falta de multitudes, el rugido del agua dominaba todo el ambiente, un sonido que los lugareños describen a menudo como el latido de Malanje.

  3. Vegetación: El entorno es de una selva tropical densa y húmeda, lo que genera un contraste cromático vibrante entre el verde intenso de la flora y el marrón rojizo del agua cargada de sedimentos durante la época de lluvias.

¿Te gustaría que redactara un párrafo descriptivo centrado en las sensaciones sensoriales (sonido, humedad, vista) para ayudarte a ambientar esa parte del capítulo?


lunes, 31 de marzo de 2014

Bichos II

Sigo haciendo safari de jardín, pues afortunadamente hay bastantes bichos. Lamentablemente me he venido sin cargador para la cámara pues me he equivocado de cable. Esto supone que en estos 11 días que me quedan aquí, me tendré que limitar a usar el iphone para las fotos de animalitos, lo que es una pena.
 Este es un escarabajo precioso que vi aterrizar el otro día junto a la cocina. Está subido en el enrejado de la cocina y mide unoos 4-5cm sin contar las antenas

 Estuvimos Víctor y yo entretenidos el otro día en observar las evoluciones de este grupo de hormigas arrastrando a la larva de la fotografía. Todo iba perfectamente hasta que se cayeron en la junta entre dos baldosas que se ve en la fotografía. No conseguían sacar a la larva de ahí por más que se esforzaban tirando y empujando de diferentes sitios y cambiando de postura. El estallido de una tormenta, que empezó a descargar en el momento de hacer esta foto, hizo que entrásemos en la casa y nos quedáramos sin ver como se las apañaron para resolver el atolladero en el que estaban metidas.

 En la casa hay muchos perenquenes/salamanquesas. Mi compañero se pensaba que eran nocivas y mató a las primeras que vió recién entrado en la casa, cuando yo todavía no estaba allí. Una vez que le expliqué que son beneficiosos para nosotros porque nos ayudan a acabar con los mosquitos, acepto convivir con ellos, pero no oculta la repugnancia que le producen. La mayoría son muy pequeños, de unos pocos centímetros de longitud, como el de la foto.

 Hay muchas arañas saltadoras por aquí, de 1-2cm de longitud, Esta es de las más sosas que he visto en cuanto a colorido.

 Un escarabajo que llegó volando a mi dormitorio el otro día. Estaba medio atontado y no terminaba de caminar correctamente. Lo puse en el quicio de la ventana para hacerle unas cuantas fotos más y se recuperó de pronto y aprovechó para salir volando por donde había entrado.

 A esta araña tuve la suerte de poder fotografiarla caminando por el vidrio de la ventana.

La selva lo invade todo si no la controlas. Los quicios de las ventanas y las juntas de las baldosas de pavimento ven como la vegetación se abre camino por donde puede.

Recogida de carta




Una vez hecha la entrega del paquete, Mario vuelve a rumiar algo en tono cantarín y nos subimos nuevamente al cuatro por cuatro, dirigiéndonos hacia un destino desconocido. Como no me va a servir de nada pedirle que vocalice y en el fondo me da igual a donde me lleven, asiento con cierto entusiasmo para demostrar algo de jovialidad y parecer simpático y me sumo en mis ensoñaciones, observando a la gente que pasea por la calle y tratando de disfrutar de África. 


Llegamos a una zona en la que el gentío presente me hace intuir que estamos frente a un edificio público. Circulamos entre la muchedumbre que se agolpa en la calle frente al edificio y nos adentramos por un camino de tierra que en cualquier lugar de los que he conocido me habría hecho retroceder dando por terminada la carretera. Aquí no. Mario se adentra despacio en ese camino, jalonado por una sucesión de coches evidentemente abandonados y coches en uso, todos ellos en posiciones inverosímiles debido a lo abrupto de la cuesta abajo por la que circulamos. Vamos despacio, dosificando el apretón del acelerador para controlar la salida de los hoyos y huecos, esquivando pozos abiertos, surcos, baches y peatones despistados, hasta llegar, esta vez sí, al final de la calle. Una vez allí, Mario comienza una serie de maniobras para aparcar el coche en una posición tan rara que hasta que no apagó el motor no me di cuenta de que estaba estacionando.


Mario me ha dejado solo en el coche. Me ha dicho que tiene que ir a buscar una carta y en 10mn está de vuelta. Para todos aquellos que, como yo, somos usuarios de la escala de tiempo de los buenos propósitos, 10mn es una eternidad. Cuando vas a tardar 5-10mn en llegar dices: “ahora mismo estoy ahí, estoy llegando”. 10-15mn equivalen a “en dos minutos estoy contigo” y para 15-20mn se usa el socorrido “me quedan 5 minutos”. Cuando tienes que recurrir a los 10mn es que tienes intención de tardar de verdad. Esto, en un país en el que las lecturas previas versan principalmente sobre el elevado número de crímenes que se cometen y en lo peligrosa que resulta la ciudad para los extranjeros incluso de día, me produce un estado de ánimo de cierta inquietud, que es la manera fina de decir que estaba un poco acojonao por quedarme solo en el coche.


El hecho de que los vigilantes de seguridad del edificio quedaran a más de 100m de donde yo estaba y detrás de un cambio de rasante no contribuía demasiado a tranquilizarme. Decidí afrontar la situación como un hombre y empecé a esbozar un plan de contención en caso de que las cosas se pusieran feas. ¿Cómo se pronuncia ‘Socorro’ en portugués? Pensaba, mientras me aclaraba la voz para que el grito no me saliera demasiado aflautado y localizaba el claxon del coche para ponerme a tocarlo como un energúmeno sin dejar de gritar en caso de peligro.


Adopté un ademán relajado, con la ventanilla abierta y el codo apoyado en la puerta. No era fácil mantener esa postura con la otra mano pegada al claxon del coche, pero creo que conseguí mantener cierta dignidad y aparentar confianza, a pesar de estar comprobando constantemente los retrovisores del coche.


Cuando más satisfecho estaba por el logro que suponía mantener la compostura en esas circunstancias, se me escapó un gritito de pánico al ver acercarse por el fondo de la calle a un negro andrajoso cargado con una bolsa deportiva colgada en bandolera. Toda la ropa que llevaba ese hombre era de color marrón, a causa seguramente de la costra de mierda que llevaba encima.

Venía caminando despacio, deteniéndose junto a cada coche y mirando con disimulo al interior. Mi sistema de detección de chorizos se disparó, a pesar de no estar actualizado todavía con este nuevo destino. Tamborileé los dedos sobre el claxon para desentumecerlos y asegurarme de que no me iban a fallar si los necesitaba para hacerlo sonar en medio del ataque de pánico.


De pronto, tuve un repentino ataque de conciencia y empecé a reflexionar y a sentirme culpable por dejarme dominar de esa manera por mis miedos. Estaba en un país nuevo para mí y me estaba dejando llevar por los alarmismos habituales que encuentra uno en las guías de asistencia al viajero. Estaba juzgando con estándares europeos a un individuo angoleño, que seguramente sería padre de familia y estaba marcando distancias entre él y yo simplemente porque su acceso al agua corriente era más limitado que el mío. Me sentí culpable. Culpable de haber sido víctima de esos prejuicios que tanto he criticado toda mi vida y ver a un negro peligroso bajando la calle, en vez de ver simplemente a una persona.


Mis miedos desaparecieron, empezó a nacer en mi un cierto entusiasme ante la idea de estar en Angola y estaba deseoso de conocer a su gente y a su cultura. Me recoloqué en el asiento para poder saludar a ese hombre que minutos antes me pareció un negro peligroso con un sonoro “Bom día” que lo reconfortase, cuando de pronto me fijo en el bolso que lleva en bandolera y veo que es una bolsa de deporte de The North Face, que cuesta cerca de 200€. Incapaz de imaginarme un escenario en el que un tío andrajoso como ese tuviera acceso a una bolsa de lujo como esa, me volvieron a embargar los miedos y los temores. No ayudó nada a tranquilizarme que el tío se situase justo detrás del coche y estuviera todo el rato mirando a un lado y a otro, en actitud vigilante. Tuve que volver a repasar todo mi plan de contención del peligro y me puse a otear la calle inquieto, deseando que apareciera Mario con la dichosa carta.


El hombre terminó finalmente marchándose cuando aparcó junto a mí un coche ocupado por dos militares, y yo me quedé esperando a Mario y reflexionando sobre la imposibilidad de evitar los prejuicios a la hora de enfrentarse a situaciones nuevas.

jueves, 27 de marzo de 2014

De compras en el mercado



El sábado decidimos ir a comprar al mercado, a ver si podíamos encontrar zanahorias, pues empezamos a cansarnos de las cebollas y las papas como único acompañamiento de nuestras comidas. 
 
Nuestro menú aquí en Angola es afortunadamente muy variado: comemos principalmente spaghetti con cebolla y papas, arroz con cebolla y papas, macarrones con cebolla y papas, lentejas con arroz con cebolla y papas, frijoles con arroz con cebolla y papas, pollo con arroz, cebolla y papas y pescado con arroz, cebolla y papas. A veces, cuando estamos eufóricos por algo, no miramos tanto el dinero y nos compramos esa pasta en forma de conchas para hacerla con cebolla y papas. 
 
Necesitábamos zanahorias.

Nos encaminamos al mercado vestidos de blancos, esto es, los dos con polo de color claro, bermudas y zapatillas deportivas para no llenarnos los pies de mierda.

Una vez fuera de nuestros dominios, que se extienden hasta el Hotel Salala y sus alrededores, nos vimos obligados a preguntarle al segurança de una frutería por el camino al mercado. Este nos indicó muy amable que lo primero que debíamos de hacer es cambiarnos de acera, y una vez que nos encontrásemos en la acera de enfrente, seguir recto y girar a la derecha por la segunda rúa, y no por la segunda entrada. Le agradecimos las indicaciones y nos dispusimos a continuar nuestro recorrido, pero el segurança nos lo impidió de repente sujetándonos del brazo. “Primero a cruzar la estrada y después la segunda rúa”. Le aclaramos que lo habíamos entendido bien, pero que íbamos a cruzar más adelante y se alejó cabizbajo y lamentándose de que hiciéramos oídos sordos a sus indicaciones.

Un poco más adelante, cuando íbamos a cruzar definitivamente, observé que un blanco muy grande, de unos treinta y tantos años, vestido con una camiseta de tirantes de algún equipo de baloncesto y tocado con una gorra, y que estaba sentado en un sillón de piel que había sacado a la terraza del primer piso y desde el que observaba la calle cómodamente, me saludaba con cierto afecto. Como me pasa siempre que tomo a un desconocido por un amigo reencontrado, inicié un saludo espontáneo que se tuvo que quedar en amago al ver que le gritaba algo a Ronnie y cruzamos la calle para salir a su encuentro. Como tuve que abortar el gesto del saludo y tratar de reconvertirlo en un ademán natural, crucé la calle como si fuera un incapaz, pero lo remedié subiendo de un salto a la acera para impresionar a los amigos de Ronnie.

Resulta que el gigantón blanco es el hijo de nuestra casera, se llama Josué, y no ha tolerado que fuéramos solos al mercado, pues dice que es muy peligroso. Nos acompañan al mercado Josué y un primo suyo, bastante más bajo, flaco y negro que él.

 El mercado de Uige. La Plaza queda a la derecha, por donde se ven las sombrillas. (Foto encontrada en internet)

Cuando llegamos por fin al mercado, un edificio de la época colonial en el estado habitual en el que se encuentra todo lo que queda de la época colonial, lamentable, nos preguntan nuestros acompañantes que qué queremos comprar exactamente. Les decimos que principalmente verduras, y nos dicen que entonces en vez de al mercado tenemos que ir a la plaza.

La plaza es el resto del solar en el que se encuentra el edificio del mercado y está atiborrado de puestecitos con sus sombrillas de playa para dar cobijo. Entre el laberinto de puestos discurre un gran surco por el que se arrastran y se esparcen las aguas de lluvia y las aguas sucias provenientes de la limpieza de los puestos. El verdadero peligro del mercado no me pareció tanto el que nos pudieran robar como el tratar de circular entre puestos, saltando mierda mientras esquivas viejas con palanganas en la cabeza y al mismo tiempo evitas dejarte olvidado un ojo en la varilla de una sombrilla.

A pesar del aspecto inmundo del entorno, la verdura que tenían a la venta no tenía mal aspecto y las señoras se ofrecían muy amables a explicarte como se cocinaban cada uno de los productos que tenían en venta. 
 
Como suele pasar en estos países exóticos, se lleva uno un pequeño chasco al llegar al mercado y ver productos como pimientos verdes y rojos, tomates, ajos, cebolletas, patatas, peras de Portugal, pescado congelado de Vietnam, jengibre, judías blancas y negras, etc. ¿Dónde están los monos? ¿Dónde están los cucuruchos de saltamontes? ¿Y los pinchos de serpiente? Había cables USB, teléfonos móviles, los últimos estrenos de cine en DVD y BluRay pero ni rastro de comidas exóticas.

 Platanos y Sofú, un fruto local parecido al aguacate, pero con piel fina y un sabor muy fuerte que desagrada a la mayoría. A mi me gustó y Josué me ha dicho que el lo toma con azúcar y está más rico. Tendré que probarlo. La foto tampoco es mía.


Hasta que, buscando entre las legumbres a ver si encontrábamos lentejas, allí los vimos. Eran gusanos secos. Parecían pasas alargadas, y preguntamos a las señoras, que divertidas y asombradas por nuestro interés en la comida local, nos explicaron que se llaman catato y se pusieron a hablar las tres a la vez, explicándonos tres recetas distintas al mismo tiempo. Nos los dieron a probar y sabían, para sorpresa mía, a gusano seco y dejaban un sabor picante en la boca. Compramos los gusanos, un cacito de 100ml por 500 kwanzas, o sea unos 5 dólares, con la idea clara de que había que meterlos en agua y prepararlos con un sofrito de tomate y cebolla. Un poco más adelante vendían gitsombe, que por lo visto está muy rico. Es una pena que ya hubiéramos cubierto nuestro cupo de comida exótica, pues estas son las larvas blancas que se ven en las películas y te las venden vivas para hacerlas fritas. En otra salida al mercado caerán si las vemos.

 Gitsombe. Son larvas vivas, del tamaño de un pulgar de los míos y algo más gruesas. Foto de internet.

Compramos cuatro zanahorias por 4$, una papaya por 3,5$, medio kilo de tomates por 5$, los gusanos secos por 5$ y tres pescados congelados por 5$, lo único que me pareció barato. En todos los puestos nos escandalizábamos con los precios, pero nuestros acompañantes nos tranquilizaban resignados explicándonos que eso es lo que cuesta la comida en Angola.


Una foto sacada de una web oficial de la oficina turística de Uige, en la que se ve la zona de 'la plaça', con el mercado municipal al fondo y un niño de los que venden bolsas a los compradores en primer plano.

Durante todo nuestro recorrido estuvimos acompañados por cuatro o cinco niños que nos querían vender bolsas. Al principio no lo entendí, pero a medida que íbamos comprando, estaba claro que las miserables bolsas que nos daban las zungueiras no iban a llegar a casa sin romperse, por lo que nos vimos obligados a comprarles una bolsa en condiciones a los chavales por 200 kwanzas, 2$ al cambio. Se ofrecieron a llevárnosla ellos mismos, pero anticipando que eso supondría más dinero al final, rechazamos su oferta, rechazo que uno de nuestros acompañantes se encargó de enfatizar espontáneamente con una colleja al niño más cercano.

El bello vello 

Durante nuestro recorrido por el mercado, despertábamos una extraña alegría entre las señoras de los puestos por los que pasábamos. Yo lo atribuí a la alegría que despierta en todo ser humano el trato con el adinerado, y me limitaba a demostrar mi opulencia demostrando cortesía, pues de adinerado tengo poco. Esto levantaba comentarios admirados de las entregadas vendedoras "¡Son muy educados!".

No sé si por este derroche de cortesía por mi parte, que incluso bastaba para cubrir bajo el mismo paraguas a mi compañero de fátigas, de modales más bien rudos, o por un arranque espontáneo de pasión, una zungueira salió de detrás de su puesto con mucha más agilidad de la que aparentaba por su gordura y se tiró sobre Ronnie, al que empezó a acariciar sus brazos mientras alababa con pasión indisimulada la cantidad de vello que tenía.

Ronnie se dejo acariciar un poco incómodo mientras proseguía su paseo, y la señora, una vez controlado su acceso de lujuria capilar, lo dejó marchar. Alcancé a la señora y me quedé parado detrás de ella, que se giró notando mi presencia. En un tono apesadumbrado, le dije "Eu não tengo tanto vello como meu amigo, pero no soy tan velho (viejo)". Es la única chorrada que se me ocurrió, y no sé si me entendió en mi intento de falar portugués, pero se río a carcajadas y me dijo "no te preocupes, tem la pele moito bonita" y me administró a mi también mi dosis de caricias, acompañadas de sonoras carcajadas del resto de zungueiras.

sábado, 22 de marzo de 2014

¡Una azada!

Esta mañana, como todas las mañanas, me disponía a realizar mis series de ejercicios, tal y como solía hacer Tintín en sus aventuras para mantenerse en forma, cuando he escuchado un ruido característico viniendo desde el jardín. Me ha embargado la emoción y he salido corriendo hacia la ventana para comprobar si mis suposiciones eran correctas. Me he asomado y he visto a Ronnie y a Neto, nuestro segurança, en el jardín, y efectivamente, ¡Ronnie sostenía sonriente en sus manos un imponente azadón!

Hay que poner las cosas en contexto. Solo salimos de casa a las tiendas de la esquina a avituallarnos y nos recogemos en casa sobre las 17.30 para evitar salir de noche. No hay muchos sitios a los que ir y de todos modos no tenemos coche, y no podemos ir mucho a la obra porque no tenemos visado de trabajo y estamos, de momento, ilegalmente en el país. Por lo tanto nos limitamos a quedarnos en casa trabajando la mayor parte del tiempo y nos refugiamos en nuestros ordenadores para ocupar nuestro tiempo libre. Resumiendo, se puede decir que nuestra vida es bastante aburrida.

Por eso, el ruido de la azada despertó tanta emoción, pues podíamos salir de la rutina, hacer ejercicio, tener actividad física. Eramos como unos niños a los que les hubiesen traído una pelota, nerviosos, excitados, pidiendo y reclamando nuestro turno para poder usar la azada. En el fondo limpiar el jardín de malas hierbas era accesorio, lo importante era poder sujetar la pesada herramienta con las manos y liarse a golpes con el suelo.

He terminado destrozado, como no podía ser de otra manera, y tengo tantas agujetas que no puedo llevarme un vaso a la boca con una sola mano y tengo que ayudarme con la otra y mi cintura ha perdido su capacidad rotatoria y tengo que girar todo mi cuerpo de una vez si no quiero gritar de dolor... pero ¡Cómo he disfrutado con la azada!